La Vida es Sueño

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Nombre: legendario
Ubicación: Madrid, Spain

sábado, abril 29, 2006

El Reino de los Sueños

Más allá de la razón, más allá de donde reina la esperanza, existe un lugar donde habita la ilusión y la felicidad, un lugar donde los sueños se hacen realidad, ese lugar se llama el Reino de los Sueños.

Todos conocemos la existencia de ese mágico lugar, pero pocos son los que deciden emprender el camino en busca de ese reino, y menos aún son los que logran llegar allí. Ese lugar se encuentra al final de un confuso laberinto lleno de encrucijadas y de angostos y largos caminos que hay que recorrer en busca de la salida.

Si decides emprender el viaje sabes que no será nada fácil. No sabes cuánto tiempo te llevará, ni tampoco si lograrás encontrar la salida y llegar a tu destino. A menudo debes hacerlo en solitario, sin más compañía que el sol, la luna y las estrellas. Durante el viaje, en más de una ocasión la tristeza y la desesperación invadirán tu alma, y tendrás que aceptarlas como compañeras de viaje durante parte del camino. Muchas veces te caerás, y deberás volverte a incorporar. Muchas veces sentirás deseos de abandonar, y deberás proseguir tu camino lleno de dolor.

Puede que te pases la vida vagando por el laberinto, intentando encontrar la salida y jamás logres llegar. Pero sabes que al menos lo habrás intentado, que habrás empleado tu vida en busca de tus sueños. Pues no hay mayor dolor que llegar al final de la vida sabiendo que no has intentado perseguir tus sueños.

Pero hay que dar cabida a la esperanza, si inicias el viaje puede que algún día te encuentres con el Reino de los Sueños. Ese día habrás logrado alcanzar tus sueños. Llegarás cansado y lleno de heridas. Pero en esa tierra no hay lugar para el dolor, la tristeza, el odio y la soledad. Todo el tiempo empleado en el camino habrá merecido la pena. En ese lugar la vida es de color; la voz, música; las nubes, de algodón y la brisa, besos de jazmín; el sol te sonríe todas las mañanas; la luna vela tus noches; los sueños son realidad.

Así que no pienses más que no es posible alcanzar tus sueños. Emprende el camino y busca sin cesar. Quizá algún día encuentres El Reino de los Sueños.

Hace tiempo que ya inicié mi particular peregrinaje hacia la tierra de los sueños. ¿Me acompañas
?

(Para Ely. Que algún día encuentres El Reino de los Sueños).

Gotas de compañía

Hay veces que, a pesar de su afán por velar la celda en la que te mantiene prisionero, la soledad comete algún descuido. Un día cualquiera, igual que cualquier otro de los días que componen tu condena, te levantas y compruebas que la guardiana soledad se ha dejado abierta durante un instante la pequeña ventana que hay en uno de los muros de tu celda. Desconcertado, caminas lentamente hacia la ventana para comprobar que es real, que no se trata de ninguna alucinación. Tus ojos, acostumbrados a la habitual oscuridad de la celda, quedan cegados por el rayo de luz que tímidamente se cuela por la ventana ahora abierta.

De repente, unas pequeñas gotas pasan a través de la ventana y notas que salpican tu rostro. Son gotas de compañía, de esperanza, de ilusión, de felicidad. Son gotas que calan en tu alma y la invaden de esos sentimientos. Algo te dice que sólo son efímeras gotas que en pocos días se secarán y desaparecerán sin dejar rastro. A pesar de ello, acoges con gran agrado esas gotas e intentas disfrutar de los sentimientos que traen consigo en la medida que te permite la reclusión en tu celda de soledad.

Sin perder la reticencia, durante unos días te sientes afortunado, incluso llegas a experimentar algo parecido a la anhelada felicidad. Esas gotas también portan un aire fresco y renovado, que contrasta con el enrarecido aire que respiras a diario. Sabes que queda poco tiempo, pero intentas gozar hasta el último segundo de esta sutil y casual oportunidad.


Poco a poco y de forma inexorable, esas gotas comienzan a desaparecer. Sabes que nada se puede hacer para dilatar los momentos de esperanza, de compañía y de ilusión; las gotas ya han comenzado a secarse. A los pocos días, te levantas y compruebas que ya han desaparecido completamente. Lo único que queda es el recuerdo de aquellos días y una huella más en tu afligido corazón. Miras hacia la ventana de tu celda y ves que está totalmente cerrada. Ni siquiera puede pasar un solo rayo de luz; sólo hay oscuridad. Resignado, vuelves al rincón de tu lúgubre celda, a tu solitaria y monótona vida. Quizá algún otro día la ventana se vuelva abrir. Quizá algún día expire tu condena y la soledad decida abandonar tu alma hasta el fin de los tiempos.