La Vida es Sueño

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Nombre: legendario
Ubicación: Madrid, Spain

lunes, diciembre 25, 2006

Carta a los Reyes Magos 2007

Queridos Reyes Magos:

Este año creo que me he portado bien. He intentado disfrutar y apreciar todos los pequeños bonitos detalles que me ha brindado la vida en este último año. Pequeños pero valiosos momentos como tomar un café con un compañero, una llamada telefónica de un amigo, un e-mail de felicitación por navidad, un sms por mi cumpleaños,… Situaciones y hechos que por su cotidianidad y naturalidad en ocasiones tendemos a quitar importancia y a infravalorar, pero que en mi caso intento conservar con todo su valor y esencia.

Hace ya unos años que el camino se ha tornado difícil de recorrer. A pesar de todo lo bueno que ha acontecido en mi vida profesional, el plano personal no se ha visto muy afortunado. El camino se hace muy difícil de andar cuando tu única compañera de viaje es la soledad.

Cuando el viaje de la vida se hace en solitario son muchas las cosas de las que uno se ve privado de hacer. Uno se siente atado a unas cadenas que le impiden vivir, encadenado a la monotonía, a la falta de espontaneidad, sujeto a un estricto guión en el que no hay cabida a la improvisación. Cada día es una aburrida función de teatro en la que la obra representada es idéntica a la del día anterior.

En esa obra de teatro el protagonista no sale los sábados por la noche, no va al cine los domingos por la tarde, no se va de vacaciones durante el verano, no hace fiestas de cumpleaños y no hace planes para los puentes ni para navidad, porque los demás actores de la obra en realidad están actuando en otras obras ajenas a ésta.

Sólo tengo un sueño, un deseo por Navidad. Un regalo que bien podría valer por todos los regalos del resto de Navidades e incluso de cumpleaños y eventos similares. Mi deseo es tener a alguien a mi lado. Alguien con quien compartir mi felicidad, alguien que comparta conmigo todo lo bueno y lo malo que le sucede. Alguien que decida depositar en mí su confianza, ser yo su confidente. Alguien que rompa las cadenas que me impiden hoy vivir, alguien que me preste su luz, alguien que devuelva la sonrisa y la alegría a mi triste caminar. Yo, a cambio, le entregaré mi corazón, le seré sincero y fiel, velaré por ella cada día y viviré por ella y por su felicidad durante el resto de mi vida.

Sé que es mucho pedir, pues es el mayor de los regalos que se puede conceder a un pobre mortal. Lo único que podré hacer para agradecerlo es intentar hacer a esa persona la más feliz de mundo, coronar a esa princesa reina de mi vida.

Gracias de antemano.

domingo, junio 04, 2006

La Leyenda de la Doncella y el Escudero

Cuenta la historia que en la época medieval vivían un joven escudero y una hermosa doncella que se conocieron en su temprana adolescencia. Al poco tiempo se gustaron y comenzaron una relación de enamorados. Los comienzos de esa relación fueron dulces, románticos, idílicos, prometedores; era la primera relación de los dos y estaban llenos de ilusión y de esperanzas.

El chico era un fiel escudero que servía a un noble caballero. Trabajaba muy duro para poder subsistir y para poder cumplir uno de sus sueños: llegar a ser caballero. Su otro sueño era compartir el resto de su vida con su amada. La chica era una dulce y bella doncella, hija de campesinos, que también tenía que trabajar duro para vivir. Apenas tenían tiempo de compartir momentos juntos los dos enamorados; se pasaban el día trabajando. Tampoco tenían más personas a su lado, aparte de sus familias, sólo se tenían el uno al otro.

El tiempo pasaba. Nuestro fiel escudero sólo pensaba en el día en que su señor le nombrara caballero y en el día en que pudiera conviviera con su amor. Fueron muriendo así los días pero algo ocurrió. Nuestra bella doncella había conocido a un apuesto caballero que apareció en su vida y se había enamorado de él.

Se acercaba el día en que el escudero cumpliría uno de sus sueños: pronto le nombrarían caballero. Pero el destino, siempre irónico, a veces sarcástico, quiso que su otro sueño se desvaneciera. Parece que a veces el destino no puede soportar tanta felicidad y actúa repartiendo tristeza y desolación, arrancando ilusiones y esperanzas de los pobres corazones de algunas personas.

Llegó el día de la ceremonia. Nuestro escudero aspirante prestó juramento ante sus superiores y fue nombrado caballero. A partir de ese día gozaría de una mejor posición y de más libertad. Pero ahora no tenía con quien compartir su felicidad. Y es que, como dice un proverbio, la mitad de la felicidad reside en compartirla.

La doncella y su caballero siguieron felizmente juntos el resto de su vida. Es probable que ella jamás reparara en todo el dolor, tristeza y soledad que causó al pobre escudero. Ella era feliz con su amado.

Respecto al recién nombrado caballero poco se sabe de él. Algunos dicen que poco después de su nombramiento murió de dolor al no poder soportar tanta tristeza y soledad. Otros dicen que pasó el resto de su vida vagando en la más terrible soledad, luchando por alcanzar ese Reino de los Sueños, donde su sueño se hiciera realidad. Durante el resto de su vida, su único sueño fue encontrar a alguien que le salvara de la celda de soledad en la que vivía.


O quizás, todavía no esté escrito el final de esta historia. Quizá uno de nosotros seamos ese triste caballero que vaga por la vida en busca de alcanzar ese sueño. Si es así, todavía hay esperanza para ese caballero. Quizá el destino le devuelva todo lo que un día le arrebató. Tendremos que esperar a que el destino escriba el final de esta triste historia.

sábado, abril 29, 2006

El Reino de los Sueños

Más allá de la razón, más allá de donde reina la esperanza, existe un lugar donde habita la ilusión y la felicidad, un lugar donde los sueños se hacen realidad, ese lugar se llama el Reino de los Sueños.

Todos conocemos la existencia de ese mágico lugar, pero pocos son los que deciden emprender el camino en busca de ese reino, y menos aún son los que logran llegar allí. Ese lugar se encuentra al final de un confuso laberinto lleno de encrucijadas y de angostos y largos caminos que hay que recorrer en busca de la salida.

Si decides emprender el viaje sabes que no será nada fácil. No sabes cuánto tiempo te llevará, ni tampoco si lograrás encontrar la salida y llegar a tu destino. A menudo debes hacerlo en solitario, sin más compañía que el sol, la luna y las estrellas. Durante el viaje, en más de una ocasión la tristeza y la desesperación invadirán tu alma, y tendrás que aceptarlas como compañeras de viaje durante parte del camino. Muchas veces te caerás, y deberás volverte a incorporar. Muchas veces sentirás deseos de abandonar, y deberás proseguir tu camino lleno de dolor.

Puede que te pases la vida vagando por el laberinto, intentando encontrar la salida y jamás logres llegar. Pero sabes que al menos lo habrás intentado, que habrás empleado tu vida en busca de tus sueños. Pues no hay mayor dolor que llegar al final de la vida sabiendo que no has intentado perseguir tus sueños.

Pero hay que dar cabida a la esperanza, si inicias el viaje puede que algún día te encuentres con el Reino de los Sueños. Ese día habrás logrado alcanzar tus sueños. Llegarás cansado y lleno de heridas. Pero en esa tierra no hay lugar para el dolor, la tristeza, el odio y la soledad. Todo el tiempo empleado en el camino habrá merecido la pena. En ese lugar la vida es de color; la voz, música; las nubes, de algodón y la brisa, besos de jazmín; el sol te sonríe todas las mañanas; la luna vela tus noches; los sueños son realidad.

Así que no pienses más que no es posible alcanzar tus sueños. Emprende el camino y busca sin cesar. Quizá algún día encuentres El Reino de los Sueños.

Hace tiempo que ya inicié mi particular peregrinaje hacia la tierra de los sueños. ¿Me acompañas
?

(Para Ely. Que algún día encuentres El Reino de los Sueños).

Gotas de compañía

Hay veces que, a pesar de su afán por velar la celda en la que te mantiene prisionero, la soledad comete algún descuido. Un día cualquiera, igual que cualquier otro de los días que componen tu condena, te levantas y compruebas que la guardiana soledad se ha dejado abierta durante un instante la pequeña ventana que hay en uno de los muros de tu celda. Desconcertado, caminas lentamente hacia la ventana para comprobar que es real, que no se trata de ninguna alucinación. Tus ojos, acostumbrados a la habitual oscuridad de la celda, quedan cegados por el rayo de luz que tímidamente se cuela por la ventana ahora abierta.

De repente, unas pequeñas gotas pasan a través de la ventana y notas que salpican tu rostro. Son gotas de compañía, de esperanza, de ilusión, de felicidad. Son gotas que calan en tu alma y la invaden de esos sentimientos. Algo te dice que sólo son efímeras gotas que en pocos días se secarán y desaparecerán sin dejar rastro. A pesar de ello, acoges con gran agrado esas gotas e intentas disfrutar de los sentimientos que traen consigo en la medida que te permite la reclusión en tu celda de soledad.

Sin perder la reticencia, durante unos días te sientes afortunado, incluso llegas a experimentar algo parecido a la anhelada felicidad. Esas gotas también portan un aire fresco y renovado, que contrasta con el enrarecido aire que respiras a diario. Sabes que queda poco tiempo, pero intentas gozar hasta el último segundo de esta sutil y casual oportunidad.


Poco a poco y de forma inexorable, esas gotas comienzan a desaparecer. Sabes que nada se puede hacer para dilatar los momentos de esperanza, de compañía y de ilusión; las gotas ya han comenzado a secarse. A los pocos días, te levantas y compruebas que ya han desaparecido completamente. Lo único que queda es el recuerdo de aquellos días y una huella más en tu afligido corazón. Miras hacia la ventana de tu celda y ves que está totalmente cerrada. Ni siquiera puede pasar un solo rayo de luz; sólo hay oscuridad. Resignado, vuelves al rincón de tu lúgubre celda, a tu solitaria y monótona vida. Quizá algún otro día la ventana se vuelva abrir. Quizá algún día expire tu condena y la soledad decida abandonar tu alma hasta el fin de los tiempos.